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Riego de jardines en Mallorca
Entre mayo y septiembre en Mallorca no llueve de forma útil, y julio y agosto pasan de treinta y cinco grados con regularidad. Ningún jardín atraviesa eso sin una instalación de riego bien hecha. Y una mal hecha cuesta más a lo largo de su vida —en agua, en plantas que hay que reponer y en averías— que haberla hecho bien desde el principio.
Proyectamos e instalamos el riego como parte de cada jardín que construimos, y también como encargo independiente para jardines existentes cuya instalación ya no les sirve.

Por qué lo decisivo es el proyecto
Una instalación de riego no es un producto que se compra hecho. La diferencia entre una buena y una mala no se ve al principio: se ve al segundo verano, en cómo aguanta la plantación en agosto, en lo que aparece en la factura del agua y en cuántas veces hay que llamar a alguien a reparar algo.
Una instalación trazada sin mirar el plano de plantación riega de más en una zona y de menos en otra. Los componentes baratos duran poco con el agua de aquí. Y un programador sin compensación meteorológica riega igual haya llovido de madrugada o no.
Cómo se monta una instalación
Goteros autocompensantes. En terreno con pendiente —que en Mallorca es casi todo— un gotero corriente entrega bastante más agua abajo que arriba, porque la presión aumenta con el desnivel. Los autocompensantes dan el mismo caudal independientemente de la presión y de la altura.
Dosificación por planta. Los goteros vienen en distintos caudales. Un algarrobo joven no quiere lo mismo que una jara. Definimos el número y el caudal para cada planta en vez de poner lo mismo en todas partes.
Hidrozonas. Los sectores se separan por necesidad de agua, no por su posición en el jardín. Sin eso, el tiempo de riego lo marca la planta más exigente del sector y todo lo demás se ahoga.
Filtrado y regulación de presión en el origen. El agua de Mallorca es dura, y la de pozo suele traer sólidos en suspensión. Sin un buen filtrado los goteros se obturan, que es la causa más frecuente de que una instalación deje de funcionar.
Sensores y detección de fugas. Sondas de humedad y de caudal avisan cuando algo no va bien. Para una casa que pasa meses vacía, esa es la diferencia entre un gotero averiado y un verano perdido.
El programador con el que trabajamos: Hunter Hydrawise
Controlamos nuestras instalaciones con Hunter Hydrawise. No es una cuestión de gusto: es la decisión por un sistema contrastado en uso profesional y que además podemos atender en remoto, también cuando no hay nadie en la casa.
La instalación lee el tiempo. El programador toma los datos de las estaciones meteorológicas más próximas —lluvia, temperatura, humedad, viento— y calcula con ellos la evaporación real. Si ha llovido de noche, el riego de la mañana no se ejecuta. Si viene una semana de calor, se adelanta.
Se ve el jardín desde el móvil. Cada sector se puede consultar, parar o arrancar a mano desde Hamburgo, Zúrich o Londres. Quien no ve su casa en todo el invierno sabe igualmente que el martes a las seis se regó el sector de los olivos jóvenes.
Y avisa cuando algo se rompe. Una tubería reventada o una electroválvula que ya no cierra se delatan por un caudal que no corresponde al programa. El sistema corta ese sector y manda un aviso, antes de que la cisterna se haya vaciado. Es la razón por la que ya no montamos simples relojes programadores.
El fabricante cifra el ahorro de este tipo de programadores en hasta un cincuenta por ciento. Esa cifra se refiere a césped con aspersión. Nosotros aplicamos la misma inteligencia al goteo, en un jardín ya proyectado para consumir poco: aquí la ganancia no está en el número grande, sino en la precisión.

Cáscara de almendra en lugar de corteza
La mejor instalación no compensa un suelo desnudo, que pierde agua al aire antes de que la raíz la vea. Cubrimos con cáscara de almendra, un subproducto de la propia isla.
Retiene la humedad, de manera que la misma agua rinde más. Y hace algo que muchos acolchados no hacen: deja respirar la tierra. Su estructura abierta permite el paso del aire y del agua en lugar de compactarse; una manta de mulch prensada, o peor aún una lámina debajo, asfixia el suelo.
Y luego está lo que uno no espera: hace que la plantación se vea mejor. Su tono cálido y neutro funciona como el paspartú de un cuadro: el gris plateado del romero, el malva de la perovskia y el rosa de las gramíneas destacan mucho más sobre ella.
También el grifo es una decisión
En el extremo visible de una instalación hay casi siempre un detalle en el que nadie repara: el grifo donde se enrosca la manguera. En la mayoría de los jardines es el que llevaba el instalador en la furgoneta. Plástico o chapa cromada, duro al tercer verano y goteando al quinto.

Nosotros ponemos grifos de latón. No solo porque siguen funcionando a los veinte años, sino porque se integran en el jardín. El metal cromado atrapa la luz y se lleva la mirada; el latón pierde el brillo de fábrica, coge una pátina oscura y tranquila y se retira hasta pertenecer a la piedra sobre la que está montado. Un jardín no admite una pieza que suene más alto que las plantas que tiene delante.
Revisamos instalaciones existentes
La mayoría de los jardines que revisamos no gastan de más por falta de instalación, sino porque nadie ajustó nunca el riego al jardín: un solo programa para todos los sectores, goteros que quedaron al lado de una planta que ya creció, una electroválvula que hace dos años que no cierra.
Vamos, lo miramos y le decimos qué se puede cambiar con un esfuerzo razonable y qué conviene sustituir. A menudo el mayor ahorro no está en equipo nuevo, sino en replantar tres parterres y repartir de otro modo los sectores.
Más sobre nuestro trabajo
Cómo está el agua en Mallorca y qué prohíben ya algunos ayuntamientos, en el agua en el jardín. La plantación que hace falta para que todo esto funcione, en el jardín mediterráneo.
Hagamos una revisión
Vamos a ver su instalación y le decimos qué está pasando. J&P Design, desde 2008 en Santanyí.